El futuro de la clóchina valenciana, estrategias de producción para combatir el cambio climático
Miguel Jover Cerdá. Catedrático de Acuicultura de la UPV.
La clóchina valenciana (Mytilus galloprovinciales) es un producto acuícola muy apreciado en Valencia por su calidad, que se produce artesanalmente en las 25 clochineras (o bateas) del Puerto de Valencia y Sagunto. Su producción se remonta a finales del siglo XIX, agrupada en la Unión Mejillonera del Puerto de Valencia, desde se exportó a otras zonas de España.
La producción de 200 toneladas en 2010 se ha incrementado considerablemente, hasta 2.703 toneladas en 2024 según datos del MAPA, con un valor en primera venta de 4.3 millones de euros.
La acuicultura de la clóchina ha pasado por varios problemas, como el intento de usurpación de la marca, la depredación por dorada, la falta de criançó (semilla) y la reducción del precio en primera venta y la rentabilidad, pero en el futuro, el cambio climático, fundamentalmente a través del incremento de la temperatura del agua del mar, y su acidificación, podrían tener un efecto negativo en la producción, como reflejan los informes científicos.
El aumento de la temperatura del agua provoca mortalidades masivas en el Mediterráneo según el Comité Consultivo de Acuicultura (2025), y reducción del crecimiento como consecuencia de un estrés térmico provocado por una reducción del oxígeno y aumento de metabolismo, originando un adelanto de la cosecha a los meses de marzo y abril. El límite de toleración de temperatura se encuentra alrededor de 25 ºC, valor que es superado en las aguas del Puerto de Valencia durante los meses de junio, julio y agosto, y además se ha notado un incremento de los valores medios mensuales de agosto desde 2012, con 27.5 ºC, hasta valores cercanos a 30ºC en julio y agosto de 2025, según los datos de Puertos del Estado.
Por otra parte, la acidificación del mar, como consecuencia de la captación del CO2 atmosférico provoca una reducción de la disponibilidad de iones carbonato en el agua, generando problemas con la calcificación de la concha, que es especialmente importante durante las primeras 24 horas de vida de las larvas, y si no se produce adecuadamente, la supervivencia se complica. Por otra parte, la acidificación reduce la fuerza de fijación del biso a las cuerdas y las pérdidas por la dinámica del agua.
La interacción entre ambos fenómenos, temperatura y acidificación, hace que las clóchinas sean más sensibles al cambio climático, y las consecuencias negativas en supervivencia y crecimiento podrían incrementarse en el horizonte 2050 si no se ataja la emisión de CO2.
Las estrategias locales de los clochineros ante la situación son difíciles y limitadas, pues se trata de un problema global mundial, pero algunas operaciones de manejo de la biomasa podrían paliar los efectos negativos. El adelanto del ciclo de producción es una de ellas, de forma que la campaña pueda empezar durante los meses de marzo y abril, así como la ocupación de las zonas más profundas de las cuerdas para reducir el efecto de las altas temperaturas en los meses estivales.
Asimismo, la oxigenación del agua podría paliar la reducción del oxígeno disuelto como consecuencia de la elevación de la temperatura, pero supondría un incremento del coste de producción.
Por otra parte, la falta de semilla se podría solventar mediante la reproducción de la clóchina en cautividad en condiciones controladas y su siembra en las bateas en los momentos más adecuados, aunque se trata de una opción a medio plazo, pues se requiere de una optimización de la técnica reproductiva probada en laboratorio o escala piloto, para hacerla rentable.
En cualquier caso, sería conveniente disponer de una mayor información sobre el ciclo biológico reproductivo de las clóchinas en las bateas, su crecimiento, su proceso de maduración sexual y fijación de semilla, así como de los parámetros ambientales en la columna del agua, temperatura, oxígeno, pH, y la disponibilidad de alimento, para plantear posibles medidas de mejora en la producción y adaptación al cambio climático.
La clóchina valenciana es un producto de altísima calidad, cercano y sostenible, que genera riqueza y empleo, por lo que son necesarias medidas para garantizar su producción y rentabilidad ante los efectos negativos del cambio climático.

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