Innovar empieza antes de la transferencia
Una de las lecciones más importantes de los ecosistemas de innovación es que la transferencia no comienza al final del camino, cuando una tecnología busca llegar al mercado, sino mucho antes: en la calidad de la pregunta que orienta la investigación.
Jaime Camelio. Professor, College of Engineering, University of Georgia.
Durante años, el debate sobre la transferencia del conocimiento se ha concentrado en las etapas finales del proceso de innovación: patentes, licencias, empresas derivadas o emprendimiento tecnológico. Sin embargo, en la formación académica ocurre algo parecido, pero en sentido inverso. Enseñamos con enorme rigor cómo ejecutar investigación, desde la teoría y los métodos hasta el análisis, el diseño experimental y la revisión de literatura, pero dedicamos mucha menos atención a cómo identificar y formular problemas que realmente merecen años de investigación. Una de las lecciones más importantes de los ecosistemas de innovación es que la transferencia no comienza al final del camino, cuando una tecnología busca llegar al mercado, sino mucho antes: en la calidad de la pregunta que orienta la investigación.
La investigación inspirada en el uso, conocida en inglés como Use-Inspired Research y popularizada por Donald Stokes a través del concepto del Cuadrante de Pasteur, propone que es posible perseguir simultáneamente dos objetivos: generar nuevo conocimiento fundamental y responder a problemas reales con relevancia social, económica o ambiental. No se trata de sustituir la ciencia básica ni de convertir toda investigación en desarrollo tecnológico. Su principal valor aparece mucho antes: en la forma en que ayuda a formular mejores preguntas desde el inicio. En lugar de comenzar exclusivamente desde una teoría, una metodología o una laguna en la literatura, la formulación de investigación inspirada en el uso exige dedicar tiempo a comprender un problema real: quién lo experimenta, cuáles son sus consecuencias y qué barreras impiden resolverlo. Solo después de esa comprensión inicial tiene sentido formular la pregunta de investigación. El objetivo no es reemplazar la curiosidad científica por la utilidad inmediata. Lo que se busca es enriquecer la investigación mediante una comprensión más clara del contexto donde ese conocimiento podría generar impacto.
En este punto, iniciativas como I-Corps han aportado una práctica muy valiosa: la disciplina de escuchar. Su foco principal no está en formular investigación desde cero, sino en ayudar a equipos con una tecnología o resultado científico a explorar si existe una oportunidad de mercado, quién podría adoptarla, qué problema resuelve y qué modelo de negocio permitiría llevarla hacia el mercado. A través de conversaciones con usuarios, clientes, organizaciones y otros actores del ecosistema, muchos equipos descubren que sus hipótesis iniciales sobre el problema, el usuario, la aplicación o el modelo de adopción eran incompletas o incluso equivocadas. Ese aprendizaje no debilita la investigación, sino que la fortalece y puede transformar la mentalidad del investigador.
Por eso, la formulación de investigación inspirada en el uso e I-Corps deben verse como enfoques complementarios, pero no equivalentes. La primera actúa más temprano, ayudando a formular mejores preguntas científicas antes de que la trayectoria del proyecto quede demasiado definida. I-Corps, en cambio, suele operar cuando ya existe una tecnología, descubrimiento o resultado científico con posible potencial de transferencia, y permite explorar su oportunidad de mercado, su propuesta de valor y su modelo de negocio. Ambos enfoques pueden fortalecer el camino de transición entre conocimiento, uso e impacto, especialmente en las etapas intermedias donde una idea debe pasar de un concepto inicial a una ruta factible de adopción.
Esa transición es precisamente donde los niveles intermedios de madurez tecnológica, especialmente entre TRL 4 y TRL 6, representan el mayor desafío: el momento en que una idea prometedora deja de ser solo un concepto y empieza a enfrentar condiciones reales de uso. Cuando el problema, el actor, la barrera y la ruta de adopción están mejor entendidos desde el inicio, los equipos llegan mejor preparados a oportunidades de financiamiento orientadas a la transferencia, como programas de la NSF tipo TTP, o programas como SBIR y STTR en Estados Unidos, junto con sus equivalentes en otros países. Una buena formulación permite conectar la calidad científica de la propuesta con su potencial de uso, adopción e impacto.
El futuro de los ecosistemas de innovación dependerá de nuestra capacidad para hacer mejores preguntas desde el inicio. La innovación no comienza cuando una tecnología busca llegar al mercado. Comienza mucho antes, con una pregunta mejor formulada.

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